domingo, 13 de diciembre de 2020

Cierres


Hoy siento pena. 

Como los viejos tejidos de vida, que se desarman y se rompen.

Como un viejo papel, que a simple vista parece entero,

Pero que cuando lo tocas, se vuelve polvo.


No se si vale la pena luchar estas batallas.

Siempre supimos que el enemigo, dormía en casa.

Y lo que hace es para el, eso es increíble, inaceptable.

Es tan argento, tan egoísta;

Que me puede la idea de solo pensarlo. 

Siento que todos tiran de una manta, que ya de por si era corta.

Con esa desesperación hambrienta, por tomar un pedazo para si.

Y nosotros, los que nos cobijamos ahí, 

desde hace años, sabemos, que de alguno u otro modo, todos pierden.

Lo que dejen de ella, no será suficiente para los que quedan.


Y sobrevuelan buitres carroñeros, para ver si pueden todavía, hacerse de algo mas.

Por eso la pena. 

Por eso la oscuridad de los tiempos.

Porque estamos andando, caminando entre las sobras. 

Buscando como cirujas, con la pequeña esperanza 

De encontrar algo que nos ayude a sobrevivir.


Siento que estos últimos tiempos 

fuimos como cartoneros.

Juntando todo lo que se pueda. y reciclamos, transformamos, inventamos, dejamos la vida

y el alma para seguir adelante.


Pero para el resto, somos los “informales”,

Los que estamos en la calle.

Si tenemos suerte, vamos con el carro lleno.

Otras veces buscamos sin encontrar nada. 

Siempre me gustaron las metáforas para escribir las tristezas.

Y hoy, solo siento eso. 

Me siento ciruja, cartonera y sin techo.

La casa en la que solemos cobijarnos esta quedando vacía.

La quieren llenar de ocupas, que solo miran su ombligo hambriento.

Que solo quieren matar a la gallina, para sacarle todos los huevos de oro.

Sin importar si mañana no hay lo uno ni lo otro. 


13 de diciembre de nuestro señor, año de la pandemia.

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Pan y circo. La pelota no se mancha.


Siempre pienso que mi capacidad de sorpresa ha llegado a su limite. Pero no. Eso seria en un país normal. Con gente normal. La realidad en Argenlandia, supera ampliamente cualquier ficción.

Ayer se escribió una nueva página, en nuestra ya penosa historia.Una página que pudo haber sido un gran homenaje, una celebración a un ídolo amado y admirado por el mundo entero.

Pero el gobierno no tuvo mejor idea que tomarle la leche al gato, y se le escapo la tortuga. Así nomas. Y una cosa, llevó a la otra y no pudieron contener a las hordas de fanáticos, que no pararon de manchar la pelota una y otra vez. Impiadosamente.

De mas esta recordar, que el argento estuvo en un encierro obligatorio extremo, que duro una eternidad; una “cuarentena extendida“ de 9 meses, que finalmente después de un largo y peleado parto, dio a luz un país destrozado en todo aspecto.

Y no conformes con todo ese panorama, este mismo gobierno, que evidentemente no tiene los patitos en fila, "desorganizó”  la despedida del ídolo. Y que mejor que hacerlo en la propia casa rosada, si, si, si, en la casa rosada, la casa se gobierno, esa donde el presidente trabaja, esa donde trabajan todos los presidentes, ponele...

Decía, organizó el velatorio de aquel barrilete cósmico, para que sus fanáticos, pudieran darle el último adiós. 

A ver: lo que pasó no tiene parangón, no existe, fue la bizarreada argenta por excelencia; supero a todas las otras anteriores, digo.

Por un lado se ve a las claras que se usó este hecho para hacer política, por otro lado, la falta de respeto hacia la familia. Y la falta de respeto a la sociedad que miraba con ojos incrédulos tamaño des aforamiento general; sintiendo la injusticia los miles de personas que no pudieron ir a despedir a sus familiares durante este tiempo nefasto. 

El gobierno no tiene la culpa de la pandemia. Pero si es responsable de todo el resto. 

No solo que no hubo respeto alguno por la distancia social, los cuidados por la pandemia, sino que se sumó la falta de seguridad, los desmanes. Las imágenes patéticas que fueron viralizadas y transmitidas a todo el mundo. Y que nos pintan tal como somos, un triste país de ignorantes y desaforados que no son capaces de respetar, una valla de la casa de gobierno, un horario puesto por la familia, una celebración por el ídolo que se fue.

Vergüenza en mi corazón es lo que sentí. Y dolor infinito de perder la ultima esperanza que me quedaba en el alma. Me cortaron las piernas. 

Perdón Diego. Descansa en paz

En este país siempre pasa lo mismo. Es el mismo partido que lo pasan cuarenta mil veces en diferido. ( Diego Maradona - 2001)

Jugar sin público es jugar adentro de un cementerio. (Diego Maradona - 1987, después de un partido a puertas cerradas entre Napoli y Real Madrid)




martes, 17 de noviembre de 2020

Caminar

Fue un tiempo de descubrimientos, de reflexiones. 
De tratar de lograr una introspectiva que la llevara a saber cuál era su camino.
Ese camino ya recorrido muchas veces, pero ahora con una mirada nueva. 
Una perspectiva como la que te da cambiar el lente con un enfoque diferente.
Y una cosa llevo a la otra. Y se convirtió en letras y garabatos. 
Se fundió con el papel. Blanco y sin rayas tenia que ser. 
Y la pluma. Esas que tienen tinta de verdad. Esa que te mancha los dedos. 
Al principio sus palabras parecían garabatos apretados o sueltos, casi ininteligibles.
Como su alma, su corazón y todo su interior. Inteligibles.
Es ese proceso de retrospección, iba tratando de encontrar algo, descubrir y descubrirse. 
Días de silenciosa tristeza pasaron. Fechas importantes y celebraciones vacías. 
Ratos de desasosiego y bajón. 
Pero muy en el fondo, una esperanza.  Esa creencia que podría aparecer de repente.: Desenmarañar ese bodoque de escritura negra. Entrelazada en lagrimas contenidas. En sinsabores que solo se hablaron ahí. En el secreto de unas hojas y una pluma.


LUCIERNAGA



Era como una luciérnaga. 
Dormida, apagada.
Y de ella, solo decir que en su letargo, 
su historia, se había quedado sin luz.
Había perdido su propósito. Su rumbo.
Estaba ciega. Y no tenía la certeza de si era de noche o de día.
Se había quedado estancada, en el limbo de un tiempo 
que le parecía eterno y sin esperanza.
Con la creencia infantil que mágicamente, esa quietud iba a desaparecer 
y nuevamente iba a saber cuándo, debía brillar o encenderse. 
Pero no se daba cuenta, que solo de ella dependía y de nadie mas.

Si esto fuera una fábula, tendría su moraleja. 

Pero te la dejo a ti que lees. Y si te cabe el sayo, póntelo!


miércoles, 27 de mayo de 2020

Mi abuelo Papú


De repente, me encontré lustrando tu piedra con mis manos, que están resecas como lijas. Y te recordé en tu escritorio, donde estaba esa misma roca, a la que le habías pegado una de esas monedas de recordatorio, que solían acuñarse en tiempos lejanos, para conmemorar alguna fecha. Y que era tu “pisapapeles”
Y por un momento mientras frenéticamente sacaba lustre a la moneda, tratando de averiguar que decía, me iba acordando de vos.
Mi querido abuelo, científico loco, celoso y gracioso a tu manera. No me olvido cuando apenas tenia 5 o 6 y vivía con ustedes, como te esforzabas y tratabas con todo tu corazón de hacerme sentir en casa. Y me contabas el único cuento que recuerdo te habías inventado: La historia de petaquita, un enanito, que vivía en una cueva. Y que para darle un toque armabas con las  sabanas de la cama. 
Lo tuyo no era la literatura tradicional,  pero si que había literatura en tu vida! Aunque era de otro tipo, darwinista por cierto, donde los monos y los homos sapiens, tenían un lugar preponderante.
Horas traduciendo lecturas científicas del ingles, con un diccionario. 
Con anotaciones al costado de cada párrafo. Que trabajo querido abuelo! Hoy es todo tan sencillo en ese sentido!
Otra cosa que me encantaba y que obviamente era solo tuyo y de nadie mas, era
el secreter!  Ese espacio prohibido: la parte en que se bajaba la tapa y tenia un montón de cajoncitos, mas grandes y mas chicos y en donde guardabas un millón de tesoros, que habías ido encontrando o te habían regalado. Huesos, dientes, fósiles, FOSILES! Y hasta el cráneo mínimo de un monito, al que le hacías castañetear los dientes. 
La primera vez que fui a La Plata, fui con vos. Y me llevaste a ver los esqueletos de dinosaurios. Tengo un vago recuerdo, pero bueno, esos paseos y el botánico, eran tus preferidos.
Es increíble como te gustaba Moon river, esa canción que durante años me pedias que cantara, hasta que un día inventé como una especie de karaoke casero y la grabe para vos. Se te caían las lagrimas. La estoy escuchando ahora y se me llenan los ojos de lagrimas a mi. Es muy loco, porque de repente no me acordaba el nombre, se me había hecho una laguna inmensa,  me puse a escuchar folclore, como si me la mandaras vos, apareció entre tanto castellano, Moon river, and me.!  Y el tango, misa de 11. Ese que habías inventado! Y tu primo José, que se yo! Tantas cosas me vinieron de repente!
Querido papucho mio, hoy no se porque te extrañe todo el día, desde temprano. Tal vez al lustrar tu piedra, funciono como el genio de la lámpara! Y ahí vinieron todos estos recuerdos tan lindos 
Te quiero!
Maria. Un día de mayo de cuarentena de 2020

miércoles, 9 de octubre de 2019

El Reloj Argento


El reloj argento dejó de marcar la hora. 
Su descompuesto engranaje, se ha quebrado en su base. 

Y a pesar de que es sabido, que no tiene arreglo, 
muchos piensan que mágicamente comenzará a funcionar,
 como si fuera nuevo. 

Una fantasía errante de esos que creen, 
que se hará realidad, al cambiar de relojero.
Es como si les hubieran puesto una venda enorme,
 en sus ojos ya ciegos.

Pero las piezas esenciales se han perdido. 
Fueron quedando entre las manos de quienes lo manejaron. 

Y con tristeza digo, que lo que se perdió, no se puede recuperar. 
Porque a aquellos que las tomaron, 
no les importa que el viejo reloj ya no de la hora. 

Muchos hemos dejado de preguntarnos cómo fue que llegamos a esto. 
Y lo que es peor, cómo es que el argento nato, 
cree todavía que las cosas se arreglan con milagros. 

Será porque un reloj parado, dos veces al día da bien la hora?

Creo que deberíamos empezar por hacernos de un reloj de arena. 

Los relojes de arena no tienen engranajes, no funcionan solos. 

Hay que dalos vuelta a cada minuto para que sigan marcando el tiempo. 

Y eso cuesta. Es trabajo. Es constancia, es perseverancia, es estar atento, 
es tener compromiso. Es turnarse, no quedarse dormidos, 
es tener un plan de acción.

Espero con todo mi corazón, que los zombies que habitan esta patria mía, despierten. 
Se unan en pos de un bien común, despojados de las vendas, cerrando la vieja grieta.

Maria Chanourdie
9 de octubre de este bendito año 2019.

miércoles, 3 de julio de 2019

Puntadas



Pasos sobre la tela. 
Caminos de hilo que dejan huellas.
Y con cada una, vamos bordando sentimientos, 
esos que fuimos sembrando y cosechando a lo largo de la vida.
Y memorias. Y mensajes.
Y al tiempo que quedan entrelazados hilo y género, como raíces al suelo, 
los dibujos van contando historias de vida, 
que incluyen nudos y cambios de colores y formas de tanto en tanto.
Y parte de esas puntadas querida amiga, 
las dimos juntas.
Apretadas y andando lado a lado; 
riéndonos de cualquier cosa, 
suspirando por amores niños.
Con la diversión, la inocencia y la juventud, 
que la adolescencia nos regalaba.
Y hoy yo bordo y vos escribís historias.
Ambas vamos dejando plasmado en algún lugar, 
sea papel, sea género, un pedazo de nuestra alma.
Y creo ya, a estas alturas, ¡no tengo que decirte que te quiero mucho!

¡Feliz cumpleaños mi querida amiga!

Caja de Vida



Antigua. Astillada en sus esquinas. 
Todavía tiene huellas de su otrora belleza.
Pinceles y oleos extrañan su olor a madera.
Pero sin embargo, no está vacía.
Estaba a la espera. 
Que un día llegase alguien, a quien a pesar de su estado, pudiera enamorar. 
Y que, con el corazón enorme, 
la sacara del silencio de aquel galpón atestado.
Ese momento llego. 
Y de repente volvió a ella su alma, 
y se sintió capaz de dar asilo. 
Su anhelo casi cumplido. 
Ser una caja de vida, atesorar objetos, recuerdos, experiencias.
Y así, en este día de abril, está renaciendo, 
esperando colmar a su dueña de esperanza, sueños y proyectos.
¡Feliz cumple amiga!

jueves, 23 de mayo de 2019

La calesita argenta



La música de fondo suena y suena fuerte, 
con sonido de bombo callejero.

De pronto me doy cuenta, 
que estoy subida a una tonta calesita que no para. 
Y que de algún modo en cada giro, 
nos lleva repetida e inexorablemente, 
hasta el señor de la sortija.

Ese, que te mira con su media sonrisa sarcástica y torcida. Como burlándose con la impunidad 
que te da el saber que nunca, 
pero nunca, va a dejar que la agarres.  

Y con la plena seguridad, de que aunque quieras, 
no te vas a poder bajar. 
Porque esta prohibido bajarse. Porque la calesita 
no debe parar. No puede parar. 

Y entonces a cada vuelta toma mas velocidad. 
Algunos queremos bajarnos, nos apiñamos, para ver si al inclinarse se detiene, pero no. Porque para que eso suceda, 
hay que ponerse de acuerdo, y tirar todos para el mismo lado. 

De tanto en tanto, logramos que disminuya el paso. Y se siente como un alivio momentáneo. Pero se discute mucho y mucho, y no hay un cristo que tenga una idea 
que a todos conforme.

Con el señor de la sortija no se habla, no se discute, no se negocia. Se acata. Porque no se puede pensar diferente. 

Es como una religión de fanáticos 
que tienen que seguir girando eternamente, al ritmo que marca su engranaje 
salvaje y despiadado.

Y desde el caballito blanco donde pudiste encaramarte, ves pasar las estaciones y los años.  Y con el tiempo las figuras ya no suben ni bajan. 
Las tazas ya no giran y la pintura va 
descascarando su tristeza 
y llorando de injusticia.

Pero el señor de la sortija, es siempre el mismo. Sinceramente voraz, sinceramente eterno.


viernes, 5 de octubre de 2018

Papa.



Papá, esa palabra tan corta y tan grande a la vez. ¿Y tan llena de responsabilidades no?

Hace tiempo que quiero escribirte. ¡Pero siempre pienso que es tanto lo que vivimos juntos, que no hay huecos que llenar ni palabras por decir!

Cuando nací, eras prácticamente un niño. Y en ese casi jugando a ser padre, fuimos creciendo juntos.

Eras un bombón, diría una vieja amiga, que prefiero mantener en el anonimato y que el día que te conoció, no creyó que eras mi viejo.

En nuestras vidas compartidas hubo mucho de todo. Como en todas las vidas, en realidad.

Uno no sabe lo que es ser un padre o madre, hasta que le toca, o hasta pasado un rato más, o quizás nunca se aprende.

Y al caminar, nos equivocamos, nos caemos, y volvemos a levantarnos. Y en ese camino, puedo decir que aun me sostenes la mano, como cuando era chiquita.
“A Bobote! ¡A bobote!”

Tu mundo siempre ha sido sencillo. Sin dobleces ni costuras extrañas. Y es porque así lo son tu alma y tu corazón.

Siempre te he visto viviendo cada día a pleno y con una extraordinaria generosidad.

Regalando simpatías y muchos chistes (¡bastante malos en general!) Sos una persona inclusiva, por donde se mire. No hay quien se sienta incomodo con vos.

Muchas veces con la inconsciencia de un adolescente, pero eso siempre hizo que te sintiera aún más, mi amigo.

Ocupándote y preocupándote por todos y cada uno de nosotros. Abriendo tus brazos, brindando tu cariño y todo lo que está a tu alcance y hasta lo que no está.

Seguramente en este camino de tantos años compartidos, habremos tenido diferencias, momentos de sensaciones raras, de penas y alegrías.

Hoy, que ambos compartimos la adultez, peinamos canas, usamos anteojos y nos quejamos de los mismos dolores, me siento agradecida de tenerte. De que hayas sido vos y no otro, al que llamar papa.

Sos un buen tipo, mi viejo! Te quiero.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Bisabuelo.


Me despertó el sonido de tu voz. 

Y ahí estabas parado, a mi lado, mirándome con curiosidad. Esa virtud, que te acompañaría toda la vida. 

Por un momento me sentí en falta; me había quedado dormida frente al libro que me habías prestado. 

Pero no vi ninguna mirada reprobadora en tus ojos. 

Oscuros y enmarcados por unas espesas cejas sin canas, contrastando con tu pelo blanco.

Estábamos en el living de Laprida y Bulnes. 

La biblioteca enorme, forrando toda la pared del piso al techo. Había tomos de todo lo que uno podía imaginar. Era redondeada, igual que el edificio, que estaba precisamente en esa esquina. 

Ese edificio que vos mismo, habías hecho construir, para albergar a la gran familia. Uno en cada piso, todos cerquita.

Escondido y mudo estaba el televisor; como preso, en un mueble antiguo con puertitas. 

Las puertas ventana muy altas. Se abrían a un balcón francés, al que nos tenían prohibido asomar. 

Más allá,  pasando la arcada, el comedor con su mesa oscura, grande y de madera lustrada. 

Infinita cantidad de sillas la rodeaban. Las ventanas con cortinas gruesas. El gran bargueño, contra la pared. Sobre su lomo oscuro, algunos adornos de plata, lucían brillantes.

Todo estaba en silencio. Por entre las pesadas cortinas, se filtraba la luz del sol, formando en el suelo formas diversas.

Como si fuéramos de la misma edad, te sentaste a mi lado, a conversar. Me hablaste intensamente de tu preocupación por el país. De tu dedicación para lograr que fuera un lugar mejor.

Desde que llegaste de Francia, con tus padres, tomaste este suelo como tuyo. Y te sentiste tan argentino como los que nacieron aquí.

Mientras, escuchaba de tus labios sobre la generación del 80, y los emprendedores, los que hicieron que este país estuviera entre las potencias más grandes del mundo. 

Y de cómo, fue que conociste cada rincón del país. De todos los viajes que emprendiste con Sara y tus hijos. Llevando la modernidad del tren antes de que llegara el siglo XX. Extendiendo vías y puentes, construyendo edificios y trabajando en proyectos que supieron ser demasiado futuristas para la época.

Me había quedado con la boca abierta. Escuchando con un orgullo inmenso, tu relato.

Cerré los ojos. Cuando los abrí, estaba en casa, en Pacheco. 

Como de un plumazo te habías esfumado junto con tus libros y tus canas. Y yo no tenía más 12 años, sino que ahora yo tenía canas. 

Pero había cosas que no fueron sueño. Y que están impresas en libros. 

Y eso fue tu vida.Que no fue una vida cualquiera: fue una biografía. La de un ser excepcional que, adelantado a su tiempo en todo, supo cómo luchar por sus ideales, como aprender, crear, creer y hacer planes para cumplir tus sueños y los de otros, hasta el último día.

Cuando yo nací, tenías apenas 97 años de lucidez. 




jueves, 20 de septiembre de 2018

Santi



Hace un tiempo que extrañamos tus pasos y tus carcajadas.

El silencio inundó tu espacio y parece que los días y las horas quedaron como suspendidos; colgando de algún minutero descompuesto.

Y ese vacío se llenó de preguntas; de corazones estrujados y lágrimas contenidas.

Y tal como la luz entra, esquivando cortinas y dibujando formas sobre tu escritorio, así esperamos que entres, cualquiera de estos días. 

Tal vez son las ganas de verte.

La esperanza enorme que no nos deja soltar; esa que se aferra con toda su fuerza y no permite que la tristeza nos juegue una mala pasada. 

Y tal vez porque tampoco queremos soltar.

Por eso hemos dejado tu puerta abierta, sin llaves ni cerrojos. 

Por si te da por llegar, cuando no estemos. 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Savia en mi interior.


Semilla. 
Lluvia. 
Tierra húmeda.
Solo una simple receta natural.

Nací cerca de un árbol ya mayor.
Como es la costumbre. 

El pájaro se alimenta en sus ramas y desde su pequeñez, deja caer la semilla abonada. 
Como partícipe necesario del milagro. 

Y en tanto las estaciones se suceden, voy creciendo en busca de la luz. 
Con el propósito de alcanzar un día, el cielo azul. 

Y mientras muta mi tallo a tronco, 
mis brotes a flores y a frutos; 
me abrazo cada vez mas a la tierra amiga. 

Ella atrapa mis raíces y entrelazados, 
hacemos frente a los vendavales. 

Lloramos juntos cuando llueve. 
La abrigo con rojos y ocres en otoño.
Me nutre de calidez en invierno.
En primavera, 
el piar de pichones despierta la savia en mi interior. 
Y en verano, 
le regalo sombra fresca mientras sacia mi sed.

Disfruto cada momento. 

Porque sé que llegara el día en que venga el hombre y nos separe sin remordimiento. 

Tierra, pájaro, raíz, tronco, naturaleza: 
ya no seremos uno. 

Solo un pedazo de un viejo rompecabezas.

jueves, 5 de julio de 2018

Morir Viviendo.



Cerró los ojos. 

Un poco por el cansancio y la angustia; otro poco por la certeza que esos, serían los últimos momentos. 
Por primera vez en su vida, sintió miedo y soledad.

Siendo la más chica de 6 hermanos, hasta los 21 no había salido nunca de Misiones y no conocía el mar.

Sin embargo, ahí en Oberá, le habían tocado vivir experiencias difíciles: la temprana muerte de un hermano en un accidente de tránsito y al poco tiempo la de su mama, casi que de pena.

En Internet vio un aviso de la armada y se inscribió. Y se fue con una foto de su madre en la billetera y un sueño en el corazón. Se mudo a Mar del Plata.

Nació en 1982. El mismo año que empezó la construcción del Ara San Juan. ¿Casualidad?

¡Con cuanta emoción embarcó aquel día soleado en el puerto de Ushuaia! Iban de regreso a casa.

Con el corazón henchido y el orgullo de ser la primera mujer submarinista de argentina, ¡de Latinoamérica!, la “Reina de los mares” como la había bautizado su papa.

Su primer viaje en el San Juan como Jefe De Armas. Uno de los pocos submarinos de su especie todavía en funcionamiento.

Era como si estuvieran destinados el uno al otro.

Hubo una falla técnica, principio de fuego y entrada de agua. Problemas con la batería.

Luego de enviar un último mensaje, perdieron contacto. El oxígeno no iba a durar mucho.

Y miles de millones de litros de agua y oscuridad los separaban de la esperanza; de la vida.

Se habían sumergido para protegerse de la tormenta que se había desatado en la superficie.

Una lágrima se escapó, rodando por su mejilla.  A pesar de su juventud de 36 años, había luchado por ser y destacar en ese mundo tan masculino y lo había logrado.

Le pareció que la llamaban, ¿Eli? ¡¿Eli?! No tuvo mas miedo.

Y en un solo segundo, ella y su barco se fundieron y se volvieron parte del mar que amaban.


martes, 19 de junio de 2018

Pañuelo Celeste.


Se calzó el gorro de lana. 
Y su mochila con el pañuelo celeste atado, a la vista.

Caminó un par de cuadras para tomar el subte hasta el congreso. 
Y se fue a la marcha.

Pasó toda la noche en vela, esperando. 
Se encontró con amigas, de sus mismas creencias. 
Mientras corría la noche, cantaban tomadas de las manos, con la esperanza que los diputados, dieran un voto no positivo a esa ley nefasta.

Cuando despuntó el alba; y un rato mas, temblando por el frío y la falta de sueño, se enteraron de la media sanción.

Desencanto, perdida, tristeza. 
Regresó a su casa, con el corazón amargado y su pañuelo celeste.

Semanas mas tarde, noto que estaba con un retraso. 
Es que con tanto trajín, no se había dado cuenta que habían pasado varias semanas ya. 
Su pequeño mundo, se puso de cabeza. 
Como si le hablaran, sintió de repente los gritos y las escenas vividas aquella noche en el congreso.

Desesperada. 
Si bien se había cuidado, evidentemente no lo suficiente. Evidentemente algo fallo. 

No podía contar con su familia, super religiosa, super conservadora. 
Con sus amigas tampoco. 
No tenía pareja estable, por lo tanto, ¡nadie a quien recurrir!

Busco en Internet. Ahí encontró una dirección. Un dato. Llamó. 
Juntó todo lo que tenía ahorrado. No era mucho. 

Salió de casa con su mochila y su pañuelo celeste. 
Y una tristeza enorme como una garra atrapándole el corazón y el alma. 

Y como un fantasma, desapareció en esa mañana de sol.

miércoles, 25 de abril de 2018

Puertas



A veces la vida nos sorprende, detrás de cualquier puerta. 

Como esa que un día, abrimos sin pensar.

Y nos preguntamos qué habrá, al trasponer el umbral. 

En ese instante, soñado, infinito, impensado, es donde encontramos al ser que no buscamos. 

Casi como en un cuento especial, que nos llena el alma.

Y entonces salimos a hacer camino, pero de a dos. 

Compartiendo. Nos mostramos y reímos.

y de pronto cae el velo que tapaba nuestras caras. 

Y dejamos que el otro se acerque y su alma nos toque el alma.

Y nos sentimos felices, sin preguntar porqué. 

Y libres, sin fabricar verdades. 

Solo así, como somos.

No sé si esto es amar o enamorarse; o sentir.

Pero empecé a creer, que vale la pena abrir puertas.

Ya que  seguramente detrás de alguna de ellas, nos espera un destino especial. 

Un lugar, un corazón, un alma gemela; o simplemente un camino para empezar a andar.


(mayo de 1991.)

jueves, 19 de octubre de 2017

Patria perdónanos.


Te quiero mi Argentina querida.

Hoy el dolor me abruma.

Con el corazón en la mano, TE PIDO PERDÓN.

Perdón por todos nosotros.

Por los que hacen atrocidades.

Por los que mienten en pos de mantener su poder y 

su impunidad.

Por los que nos hacen vivir en la ignorancia.

Por los que se creen los dueños de la verdad, pero 

en el fondo, nos la ocultan

Por los que atentan a diario contra sus prójimos, sin 

importarles nada

Por los que roban y no conocen el arrepentimiento.

Por los que matan, por la causa que sea

Por los que se embanderan con colores de partidos y 

militan mediante la violencia

Por los que siembran el miedo, la inseguridad y los 

enfrentamientos

Por los que se han enriquecido, engañando al pueblo 

con promesas, mentiras y utopías.

Por los que evitan con sus actos, que la gente

avance y tenga oportunidades

Por los que etiquetan a los demás y 

no les dan chances

Por los exitistas sin paciencia, en todos los ámbitos.

Por los que viven para planear como crear grietas, 

como lograr que los hermanos se enfrenten

Por los que se encargan de arruinar cada día los 

sueños de paz y armonía.

Como me gustaría que pudieras, Argentina mía, 

alzar tu frente hasta lo alto!

Y que todos fuéramos finalmente argentinos unidos, 

en paz y prosperidad.


María Chanourdie


lunes, 9 de octubre de 2017

Del servicio doméstico y esas yerbas: Quinta parte…. las Pérez


Las Pérez.

Aun sin haber cumplido un año, Alejandra, decidió de repente, que no quería trabajar más! 
Bien por ella! No quiero aburrirlos dando muchos detalles del tiempo que estuvo en casa. 

Solo contar, que además de faltar casi un mes, de los diez que estuvo, y de otro pequeñísimo detalle, que voy a mencionar.  A la semana de empezar a trabajar, estando yo enferma en casa, la llamo en un momento, la busco sin éxito, y me doy cuenta que se había ido!  Al día siguiente, llegó el correo, había renunciado telegrama mediante! Sin decir porque!; todavía estoy preguntándome que paso, en fin. Hubo que convencerla que siga. Nada, todo bien…

Y de nuevo, como siempre, la desesperación se apoderó de mí. Esta vez, me juré: ¡No voy a tomar a la primera persona que entreviste!

Y de hecho, pedí ayuda y datos por todos lados! en grupos, vecinos, mails, etc. Y para mi sorpresa, tuve bastante repercusión… vinieron y escribieron varias chicas y no tan chicas… y me whatsappearon, ¡cómo me whatsappearon!  Ahora todo se resuelve por ahí! Como cambian las cosas de un año a otro! Yo miraba las fotos y los estados… para pre filtrar… y me encontré con cosas como esta: foto de León, con frase: Porque yo Jehová soy tu Dios… etc… Mmm! Otra: Prometo permitirnos el milagro de la libertad! Mmm…! Y así siguiendo…

Pero la primera mujer que vino, de la mano de una vecina, se llamaba Antonia. Antonia, Pérez. Y no tenía whatsapp.
Y llegó con su paz y sus bendiciones! Y su cara sonriente! En su bicicleta, porque vive cerca. 

Al instante supe que era ella. Chiquita, simpática, con su cara de eterna alegría. Humilde en su ser, en su forma. Sencilla, sin dobleces. Evangelista. Estudiosa de la biblia. Y agradecida como nunca he visto. 

Y desde el primer momento, conectamos. Sera que estoy mayor y que me banco más cosas. Debo señalar que fuera de algún descuido en el lavado,que redundó en que mis toallas blancas, ahora sean rosa pálido, todo está en orden. 

Ya cumplió un año en casa. Y ahí estamos, con una dieta un poco repetitiva, pero es lo que hay. 

Solo faltó una vez. Un solo día. 
Y nunca llega tarde sin aviso. 

Y ahora además tiene whatsapp. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tréboles de cuatro hojas


Los tréboles de cuatro hojas; 

me hacen acordar a vos. 

Y al color verde de tus ojos.

Siempre recuerdo, que llevabas uno en la cartera.

Con la convicción, que te iba a dar suerte.

Pero: ¿Qué es la suerte, en definitiva?

¡Si te fuiste volando del mundo, tan pronto!

Hoy miro un trébol y ahí estas. 

Cubriéndolo todo, como un manto verde.

Pero: ¿Qué es la suerte, en definitiva?

Que pueda en ellos, verte y sentirte.

Aunque no estés más conmigo.





27 septiembre de 2017