miércoles, 23 de febrero de 2011

Seguridad, Divino Tesoro. Sexta parte???!!!

Pero si en la tercera me dije, espero que sea la última… no lo diré más. Definitivamente. Hace muy poco, si, en este año 2011, tomé como tantas veces, el camino del Buen Aire, que de buen aire no tiene nada por cierto, ya que a sus orillas hay basurales divinos, que hoy son colinas verdes, pero que supieron ser bañados u hondonadas! Y muy a pesar de los esfuerzos, el oloroso paseo aunque como dije, verde y arbolado, se hace sentir, en todo aspecto…
Como iba contando, una tarde de este  verano, a  100km x hora, límite de velocidad de esa noble y bacheada autopista, iba manejando por el carril rápido hacia el oeste, (o mejor debería decir, el "lejano oeste"?) Hete aquí que nomás unos kilómetros de pasar el peaje, donde se hace un enorme abra entre las dos vías, siento un golpe y el estruendo de mi ventanilla trasera… podrán imaginar que la sangre se me helo de pronto en las venas.
Alguien con muy buena puntería, me pegó un piedrazo (honda mediante) e hizo añicos el vidrio. Por instinto, no se cual ya, seguí maneando como si nada hubiese pasado. No paré, no soñaba parar. La idea de los “cacos” es esa… romperte un vidrio y cuando paras para ver que pasó, QUE CORNOS PASO?!, es ahí donde aprovechan para asaltarte. Cuando llegué a destino recién pude mirar y evaluar daños: descubrir en efecto, que el “proyectil”, era una gran piedra,  todavía  dentro del auto y empezar a respirar al mejor estilo pre parto… lo que siguió es totalmente habitual: Llamar al seguro, cambiar el vidrio, polarizarlo y regrabar la ventanilla, para poder irme de vacaciones al día siguiente, una tontería.
Después de las vacaciones, tomé coraje para ir de nuevo al oeste por el Buen Aire.  De ida, estuve bien, no vi a nadie en el abra. Pero a la vuelta, vi a tres tipos al borde del lugar y se me volvió a helar la sangre. Vuelvo a repetir...el susto, es acumulativo, créeme. Tal vez, en unos miles de años, se me pase…
Moraleja: No manejes por autopistas, no manejes, bah, mejor, no salgas más a la calle!!!!

martes, 22 de febrero de 2011

Seguridad, Divino Tesoro. Quinta parte!!!!!

Este, fue un episodio de paranoia post asaltos, que muestra a las claras lo que afirme en mis relatos anteriores.
Había ido a tomar un café con una amiga. Eran como las nueve de la noche, un día de semana, cerca del barrio de la horqueta. La calle Uruguay en reparaciones. Dos opciones: hacer un camino larguísimo yendo para atrás y tomar la autopista, o aventurarme y tomar  un supuesto camino alternativo y no tan peligroso. Para retomar la calle Uruguay más adelante. Obviamente, me decidí por el camino corto. Empiezo a andar y me doy cuenta que me había equivocado de ruta... El terror se apoderó de mi,  cuando veo que se acercaban caminando por el medio de la calle, en la oscuridad, cuatro hombres. Se me cruzó instantáneamente la idea de que me iban a asaltar… En que estaba pensando? Hice un giro raro con mi auto, como para escaparme, as usual. Con tan mala suerte, que en la esquina en cuestión y fruto de los arreglos, había dos acequias de cemento. Doblé exactamente encima. Con  tan mala suerte les repito,  que me quedó una rueda en cada acequia, clavadas. Era imposible salir de ahí sin una grúa y los hombres cada vez más cerca. Mi mente aterrorizada, pensaba a mil. Entonces no se me ocurrió mejor idea y me baje del auto. Empecé a gritarle a los mismísimos hombres que eran mis supuestos atacantes: Ayúdenme! Ayúdenme!
Finalmente vinieron en mi ayuda. Los cuatro. Más cinco vecinos más, que salieron de unas casas por ahí. Entre los nueve, levantaron mi auto y me sacaron de ahí. Nadie quería asaltarme, eso estaba claro. La sumatoria de episodios hizo que me volviera  paranoica y que vea fantasmas donde no los hay. Aunque sea verdad que hay varios dando vueltas.
Dije que terminaba. No. Le dije que vivo en un barrio cerrado. Infinitamente pequeño. Pero no para un “grupo comando”. Para ellos, ideal. Mapa del barrio. Casas marcadas. No me toco. Nos pasó dos veces en menos de seis meses.
La paranoia de los que viven ahí, es tremenda. A veces siento que estoy en una cárcel. Y ni que hablar la gente que viene de visita. Casi que les hacen un ADN. Les piden de todo, los hacen esperar. Se hace una cola interminable. Ni que hablar si es un día festivo.
Definitivamente una locura colectiva.

Moraleja: No salgas a tomar café con tus amigas y no vivas en barrio cerrado, no son para nada seguros. 

lunes, 21 de febrero de 2011

Seguridad, Divino Tesoro. Cuarta parte!!

Evidentemente mi problema era el conurbano bonaerense. Definitivamente la seguridad con mayúsculas, estaba en la capital. Corría el año 2006 y era un viernes, pero no uno cualquiera, eran tiempos de mundial. Algarabía general, argentina venía goleando, ganando y nosotros los argentinos exitistas a la enésima potencia, no entrabamos en nuestros zapatos… hasta ESE, día. Negro viernes 30 de Junio… Nos quedamos afuera de la copa! La depresión celeste y blanca, generalizada y glacial, se ciño sobre todos…
Algunos de la oficina, decidimos hacer la reunión planificada para las 17 hs ya que no había motivo alguno para festejar nada. Hacia allí me dirigía, en mi querido auto con vidrios sin polarizar. Enfilé por la avenida Córdoba, cartera bien escondida en el piso de atrás, cerraduras cerradas, como siempre… Parece que Palermo a esa hora se pone peligroso. Nadie me aviso! Cuando estaba a unas cuadras de mi destino final, empieza a sonar mi celu. Estaba en la cartera. La tomo mientras manejaba, resultando ser un compañero, para avisarme que la reunión cambiaba de lugar. Como no podía hacer mucho, tiré como pude la cartera en el piso del acompañante  y el celu en el asiento. Faltando unos metros para el destino y andando a 20 kmxhora por el trafico que había, me sorprendió una lluvia de vidrios,  que no solo se esparció sobre mi cabeza, sino por todo el auto, al tiempo que un brazo raudo, se asomo por la ventanilla rota con tal rapidez, que no tuve tiempo de reaccionar!!! El “moto chorro”, ahora término de uso diario, se hizo de mi cartera completa y su contenido a pleno, siendo 30, allí estaba todo… TODO!!! 
Paré  el auto donde pude y ahí mismo me puse a llorar desconsolada. Impotente.  Acto seguido, fui acompañada por un policía que estaba a tan solo media cuadra a la comisaria, que está sobre Scalabrini Ortiz, a tan solo cuatro cuadras. Lo que siguió, una denuncia, cancelar todas las tarjetas y discutir con el policía que quería retener mi auto para “buscar huellas”!!!  Le dije que si me retenía el auto, me suicidaba ahí mismo. Evidentemente fui muy convincente, porque me dejó llevarlo. Que mas puedo agregar?
Moraleja: No veas los partidos del mundial. Es peligroso. Sobre todo si Argentina pierde. 

Seguridad, Divino Tesoro. Tercera parte!

Como es de suponer, luego de unos años, la casa empezaba a quedar chica, la familia se agrandaba, nos debíamos mudar. Como el presupuesto no daba, enfilamos todavía más al norte. Hasta llegar al partido de Tigre. Barrio cerrado? Que va, un nuevo emprendimiento en pañales nos convenció y decidimos poner ahí todos los ahorros.  En 1999 nos mudamos.
Voy a pasar de largo el 2001, porque ese fue definitivamente un año para olvidar. Pero con el año vino el primer intento de asalto a mano armada. Día de semana, tres de la tarde. Calle equivocada. Todavía no se como zafe de esos cuatro personajes que prácticamente se “tiraron” sobre mi auto.
Efectivamente, no imaginaron mal… cuando vi al primer hombre parado,  a media cuadra, en medio de la calle y apuntándome, me dije “tengo que escapar”… pare, puse marcha atrás, pero no lo hice bien. El auto se bandeó y fui a dar contra un poste. Ahí se me vinieron los otros. Todas las ventanas y puertas cerradas, como es mi costumbre. Me gritaban que les diera la plata, yo les gritaba que no tenía, con una cara de loca desencajada supongo, porque milagrosamente, me dejaron ir. No sin antes doblarme la antena de la radio.
Realmente es impensable cómo va a reaccionar uno en estas situaciones. Yo definitivamente, siempre reacciono igual, o sea, mal. Puedo hacer esta afirmación porque mis escaramuzas punguistas no quedaron ahí. Ojalá!
Años mas tarde, trabajaba un tanto lejos de casa. Linda zona se había puesto, Avellaneda. A metros del puente Pueyrredón, Costequi y Santillán incluidos. El panorama era como se lo imaginan. Cortes cada dos por tres. Definitivamente corte y campamento,  los 26 de cada mes. Y ni que hablar el 26 de Junio.
En uno de esos tediosos días en que,  llegar a mi oficina era una odisea griega, fue que me volvió a suceder. Para poder llegar al puente, usualmente tomaba por la 9 de Julio sur, ya que venía desde el norte. Pero cuando había corte, la única forma de llegar era dar TODA LA VUELTA. Es decir tomar la autopista Buenos Aires - La Plata y entrar a Avellaneda desde el otro lado. Venía muy tranquila pasando por el mercado central de Avellaneda, cerradísimo a las 11 de la mañana, poco movimiento. Cuando veo que delante de mí,  un auto frena, pensé que la mujer al volante estaba preguntando algo al único transeúnte en la cuadra. Pero no. Cuando la mujer arrancó vi brillar en el aire un objeto muy dorado. Un revolver! El chico, que no tendría más de doce o trece, se paró y me apuntó. Otra vez mi reacción descontrolada. Me acerqué y sin frenar ni un poco, le hice señas de que se corriera, porque no pensaba parar… no sé si sabía leer los labios, pero me escuché diciendo a través del parabrisas: “correte por que te mato”. Definitivamente se corrió. Esto fue a dos cuadras de mi oficina. La policía toda, toda, apoltronada en el puente, cuidando a nos sé quién de los que protestaban o  a los que protestaban, de no sé quién.  Es el día de hoy y sigo sin entender. Quien corta más, los que protestan o la policía?
Llegue con las rodillas que me temblaban. Les juro que aunque reacciono así, como una valentona, llegué a la conclusión  que el susto, es acumulativo. Y que cada vez, tengo menos tolerancia a estos hechos.

Moraleja: No manejes para ir a trabajar, mejor no trabajes. 

domingo, 20 de febrero de 2011

Seguridad, Divino Tesoro. Segunda Parte.


Pero punga va, punga viene, uno no suele zafar del robo “carteril” en pleno centro de la urbe porteña. Escenario: Domingo de tarde, salida del teatro Coliseo, luego de cierto espectáculo infantil. Muchedumbre importante, gratis era la entrada. Hall del teatro, atestado. Lleno como pocos. Generosa ocurrencia la mía, llevar a varios sobrinos además de mi hija, con la ayuda de una hermana. Con la cartera a lo bandolero y un niño en cada mano, la concentración puesta en no perder a nadie en el tumulto. Cuando de pronto, mi hermana me dice: “cuidado, me parece que están robando”… en un abrir y cerrar de ojos, miré y mi billetera no estaba más. No sé porque, pero ese día tenía allí, todo lo que alguien puede tener. La plata que me quedaba hasta fin de mes, el registro recién renovado y hasta la credencial de la obra social de mi hija entre otras cosas. Cosas que pasan. 
Mi hermana me señala a un hombre y me dice “creo que fue ese… “en un segundo la locura, la bronca, no sé que más, se me cruzaron por la cabeza y dejando a los críos a su cuidado,  fui a encarar al susodicho gritando a voz en cuello “Me robaste, ME ROBASTE!!!!”, con una mano lo agarré del cuello de la campera, con la otra revisaba todo lo que el hombre tenía encima.  En búsqueda infructuosa de mi billetera y mis documentos. El hombre no reaccionaba, a Dios gracias!... Factor sorpresa! En ese momento otras varias mujeres se acercaron gritando: “A mí también me robó!, a mi también!” al tiempo que mostraban sus carteras cortadas y su impotencia. El panchero que estaba en la calle, aprovechando para hacerse unos mangos, aplaudía mi locura temporal,  al tiempo que gritaba: “Muy bien señora!!!”. Un espectáculo dantesco si los hay, en medio de un descontrol de gente, realmente mucha, mucha gente.
En menos de un segundo se hicieron presentes los guardias del teatro. Quienes custodiaron al hombre hasta que llegó la policía. No recuperé mi billetera. Eran tres pungas a falta de uno y fuimos todos a parar a la comisaria 1. Resumiendo. El hombre quedó preso. Carátula, robo en banda. Y fue preso durante 6 meses. Me enteré por una notificación del juez.
Terminé de declarar muy tarde esa noche. Mis familiares se habían ido, hermana, sobrinos, todos. Y de pronto, me di cuenta que no tenía un cobre para volver a casa. Conclusión, tuve que hacerles “dedo” a los guardias del teatro, que amablemente, me tiraron en Olivos. Que mas podía pasar?

Moraleja: No se puede ir a teatros y espectáculos con niños los domingos por la tarde.

sábado, 19 de febrero de 2011

Seguridad, Divino Tesoro. Primera Parte.

No voy a transitar el camino del diario matutino, ni del vespertino ni el de los canales de noticias... No es que no me importe. Me importa y mucho. Pero lo que hoy me trae hasta el papel virtual es la seguridad. No estoy desvariando. La inseguridad trae seguridad, aunque parezca un juego de palabras. De eso se trata esta reflexión. Y la seguridad, definitivamente cuesta cara. En todo sentido.
 Cuando pude comprar mi primera casa, una pequeña por cierto, fui a parar al viejo barrio norteño de Olivos. Digo viejo, porque en mi cuadra, todas las casas estaban, en general, en un estado deplorable. Incluso la mía. Construida en la parte trasera de una destartalada casona tipo inglesa, ocupando lo que fuera su viejo jardín. Mi casa era vieja, pero muy cálida. Después de algunos arreglos quedó finalmente habitable. Estos son datos solamente de color y para poner en autos al lector desprevenido, que puede pensar que en Olivos hay solo “mansiones, caserones, o como decía Mariana Nannis, “castillos”.
En ese entonces los robos no eran cosa de todos los días. Pero religiosamente y por las dudas,  debíamos pagar a la seguridad privada, que consistía, en un hombre dentro de una casilla en la esquina, para que vigilara. No sé a ciencia cierta qué vigilaba. En general no conocíamos ni la cara del guardia. Y en general, era una persona mayor. Esto hacía que me preguntara a diario, de qué o quién,  nos iba a defender tal personaje.  
La leyenda decía que si no pagabas la seguridad, tu casa seguro era robada,  porque quedaba marcada. Mafia? No quisimos probar.
Más, una tarde de sábado, se acercó a mi puerta, la del fondo, como ya les relaté, una “viejecita”(al mejor estilo “tale” o cuento de chicos). La tal viejita venía de parte de la policía de la zona. Acabáramos! me dije, menos mal que no traía una manzana roja y una canasta! Pero sigo. Escuchen bien: me pidió una “colaboración”… a lo cual le contesté,  con mi rebeldía habitual, que en ese momento no tenía. No pude salir de mi asombro por varios días, cuando me dijo con su tierna vocecita: “Yo te diría que para el mes que viene colabores con algo, porque vos sabes, acá en tu casa están todo el día solas tu hija con la chica…” Wow! Menazame!? De más está decir que al mes siguiente “colaboré”, como la viejecita, la policía y la patria me lo demandaron!!!
Nunca fuimos robados en Olivos, pero definitivamente la “seguridad” nos salía cara: pagábamos a la privada de la esquina y “colaborábamos” mensualmente con la policía.
Moraleja: más te vale pagar!

sábado, 20 de noviembre de 2010

Niñez. Una de protesta.


De pronto me pareció que el sol dejó de iluminar a aquellos ojos negros y tristes, poblados de lágrimas, espantados de miserias.
Con los labios resecos por tanta sed de amor, por tanta necesidad de ayuda.
Y sus manitas pequeñas pero recias y callosas, como las de un grande...
Niños, con almas en fuga y con corazón de ancianos; simplemente estando, sin un atisbo de esperanza, abrazados solo por sufrimiento y cansancio.

Y la sociedad ciega e históricamente más preocupada por cambiar de moneda y de ministro, con sus ansias de poder y su soberbia, que no presta atención. Que trata de embanderarse con frases solidarias, con políticos que piensan que pueden llenar sus pequeños estómagos con palabras...

Y esas banderas de todos los colores, que tan ardientemente levantan como estandartes y que al fin de cuentas, nunca representan nada...
Y que tal vez son solo augurios de más dolor y de más tristeza....

Y la palabra desnutrición sonando en mis oídos como un grito desesperado. Como un día gris que nunca acaba. Como una eterna noche solitaria. Como un largo y frío invierno interminable.

Espero que muy pronto la luz de la realidad que nos rodea nos ilumine, que se caiga la venda del egoísmo, que finalmente podamos ver más allá de nuestra propia historia. Para que nos demos cuenta que nuestros prójimos, están muy próximos y debemos tenderles nuestro corazón en una mano.

Espero con urgencia, poder decir que la SOCIEDAD ha cambiado y que ahora se llama SACIEDAD... En todos los sentidos.  Saciedad de comida, de amor, de educación, de contención..... De ser humanos y dignos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un día cualquiera. Cualquiera?

El día caminaba ya en su lecho soleado y tranquilo. La espesa niebla se había retirado sin siquiera un parpadeo. Y los pájaros canturreaban sus canciones de partituras vivas. Sencilla y simple, considerada y tranquila estaba la mañana.
Escogí el silencio para el viaje y deje enmudecida la radio de mi auto. No tenía ganas de enterarme de nada. Mis pensamientos descubrían una sensación extraña en el corazón, un sabor amargo, a pesar del café dulce del desayuno.
No sabía que me pasaba. No podía hacer foco. No había razón aparente para que no fuera un día ordinariamente común.
Y creo que nunca imaginé cuánto, iba a recordar ese momento en el futuro.
Empecé mi recorrido habitual hacia el trabajo. Casi como en una nube, distraída, porque lo hago tantas veces, pero tantas, que creo que mi auto lo hace solo.
No encontré antipáticos semáforos en rojo, ni tampoco el ruidoso tráfico general. Todo estaba diferente y distante.
Dejé que el auto corriera calle abajo, pensando solo por un momento, en si encontraría un lugar para dejarlo estacionado. A veces era imposible. Aunque ese, no era un día cualquiera.
Llegue de pronto a la puerta de la radio. Y ahí, justo enfrente, como esperándome, había un lugar vacío. Milagrosamente lo coloqué justo y en una sola maniobra. Intrascendente, pero cierto.
Baje, luego de un ritual típico que no viene a cuento.  Crucé. El barcito de al lado estaba vacío. Solo el mozo. El aroma a café que salía de la máquina, me tentó. El muchacho silbando me preparó un café con leche en un vaso de plástico para llevar.
Empecé a caminar con el café en una mano, la mochila medio colgando del hombro y mi cartera a punto de caérseme.
Cuando llegue a las escalinatas, había un grupo de chicos y chicas de unos 20 años.
Esperaban encontrar a algún “famoso”. Muchas veces hay grupitos que esperan por horas a los periodistas, a los músicos que se enteraron están tocando en vivo, con el solo motivo de sacarse una foto, buscar un autógrafo o hacer realidad un sueño.
No recordaba exactamente quien podría estar tocando, pero como era viernes, seguramente se trataba de reggae. Subí los escalones con mi desparpajo habitual. A punto de volcar el café, con la torpeza que me caracteriza. Y de pronto, lo vi. Boina tejida, amarilla, verde y roja de la que parecían colgar displicentes,  unas rastas perfectas. Una sonrisa amplia y un cigarro en la mano derecha. Lo rodeaba un aura tan azul, que me escandalizaba. Y sonaba por todo el hall, una música que parecía de otro mundo y que me transportaba mas allá de la imaginación. Mis ojos no daban crédito. No podía ser, era IMPOSIBLE. 
 I– M- P- O- S -I -B -L- E.
Ahí, como si jamás hubiese estado en otra parte, estaba Bob Marley.  A ver, que parte de que estábamos en el 2010, mi mente no entendía? Y que parte de que Bob, por más que mi corazón deseara lo contrario, estaba más muerto que mi bisabuelo?
Me restregué los ojos, pestañee y hasta me pellizqué. Bob, estaba realmente, ahí. Para cuando pude mirar a mí  alrededor, me di cuenta que el hall, no era el mismo. No estaba el escritorio de la recepción, mucho menos  Carlitos. Las escaleras de hierro negro se habían vuelto brillantes, como cromadas. Y la luz del techo era casi cegadora.
No recordaba haber sentido nada parecido jamás.  No recordaba haberme sentido así nunca.
Mientras la música de Marley inundaba el lugar, en mi pecho, mi corazón palpitaba al ritmo de cada nota esencial. Y desde su lugar Bob, me miraba sonriendo como si me conociera de toda la vida.
Y en un castellano más que perfecto me dijo:
"Hay dos caminos: uno es la vida y otro es la muerte, y si vives en la muerte, entonces debes estar muerto. Y si vives en la vida, entonces debes vivir. El camino que tu corazón decide, hace que vivas."  Y luego agregó: "Nadie más que uno puede liberar su mente de la esclavitud."
En ese momento entendí todo.  Y emprendí la vuelta. Y dejé todo para ir de regreso a encontrarme conmigo misma.

sábado, 23 de octubre de 2010

De nombres, apellidos y otras jergas.

A menudo me pongo a pensar en lo mucho que significa el nombre de uno. En cómo nos marca, a veces, irremediablemente. Eso no sería nada, sino fuera porque si bien, el nombre y el apellido nos viene dado, como legado familiar, en otros casos impensadamente, (o pensado), hay personas que han hecho de su apellido, una verdadera herencia. Y algunos otros más, lo continúan en una profesión.

Confieso que tengo una manía, no agradable para muchos de ustedes seguramente, que es la de leer los obituarios en el diario. No busco nada en general, pero no dejan de llamarme la atención, los nombres que suelen ponerle los padres a sus hijos. Tomás, por ejemplo un lindo nombre, clásico, pero que de seguro se ha prestado en la historia, a infinidad de chistes y chanzas. Ahora, si tu apellido es TINTO, definitivamente NO puedes ponerle a tu hijo Tomás! Juro que no invento. “Tomás Tinto” decía el aviso fúnebre. Lo vi con mis propios ojos, aunque no pudiese creerlo. Pueden imaginar la vida de ese pobre hombre?

Otro claro ejemplo de lo que he de llamar “compensación de apellido” es el caso del Sr. Angel Perversi. Se ve que los pobres padres, atentos a la llegada del vástago heredero, se devanaron los sesos, pensando en cómo iban a nombrar a su hijo, para contrarrestar por supuesto, cualquier significado que pudiese ser inferido de su apellido.

O sin ir más lejos, hay una familia conocida mía, que a todos los hijos varones les ponen de nombre León… el apellido, Calvo! Por suerte, la última generación de “leones calvo”, ha decidido romper con la tradición…

Hay otras personas en cambio, que conscientes de su apellido, parece hubiesen elegido su profesión de acuerdo al mismo. Un sinfín de ejemplos de gente que conozco o que he leído me viene a la mente. Un cirujano que ponía implantes mamarios: el Dr. Bustos. O el ginecólogo de una conocida, el Dr. Chacón y el del un colega de este, el Dr. De la Cueva. O el de aquel comisario mediático de la policía, el Sr. Seisdedos. Cada vez que era nombrado en los medios, me imaginaba la trillada frase, “te alcanzará el largo brazo de la ley” (con los seis dedos del comisario!)

Y definitivamente otros, a los que las vueltas de la vida los llevaron a ser por ejemplo,  el presidente del centro gallego, como el Sr. Néstor Cuadrado. O como el presidente del automóvil club, el Sr. Carman.
Y la casa de sanitarios? Sanitarios Orteli. Nada más adecuado!
Y como broche de oro, la gente de Quilmes inspirada en estas raras vueltas de nombres y apellidos, inventó a Elsa Bor de Lencuentro. Todavía me estoy riendo…

Pero como toda reflexión que se precie de tal, esto tiene que tener una moraleja, a saber: elegir el nombre de un hijo, no es moco de pavo. Hay que pensar dos veces antes de hacerse los “originales”…

viernes, 22 de octubre de 2010

Despedida a Tita

TITA. Un sobrenombre tan pequeño como vos.
Pero tan grande a la vez. Desde que tuvimos uso de razón estabas allí: casi en silencio.
Revolviendo en un cajón lleno de chucherías; en el que como en una mágica caja de sorpresas, guardabas todas las cosas que necesitábamos para que pudiéramos cumplir nuestros pequeños “grandes” sueños infantiles: ser indios, ser piratas, ser pescadores y hasta armar nuestra soñada casita en el monte.
Incansable, movediza, siempre deseando a cada momento estar rodeada de tus hijos, tus nietos, tus bisnietos. Eso era lo que mas amabas.
Por eso hoy, en este día de sol, estamos todos juntos, como te gustaba. Y queremos decirte, que estarás en nuestros corazones para siempre y que como vos decías, nos “veremos muy prontito”.
30 de Julio 2003

martes, 19 de octubre de 2010

1969. Vi al hombre llegar a la luna por TV!

Para 1969 Papa Noel, nos había traído
de regalo "la televisión".
Y pude ver la llegada del hombre a la luna!
Cuando escribí esta carta, tenía todavía 7 años. 

1968. La vida sin TV

En 1968, todavía seguía teniendo 6 años. Mi cumple es en Junio. La televisión aún no había llegado a mi vida.  Por lo tanto nos divertíamos jugando, leyendo, escribiendo y que se yo cuantas cosas mas!
Un pequeño retrato de un efímero momento de una niña de pueblo.

Corría el año 1967. Ya me gustaba escribir.

Viví todo ese año 1967 con mi abuela Lala en Buenos Aires.
Cuando el cole terminó, volví a Tandil con mis padres y hermanas. 
Como en esa época no había e-mail, ni nada parecido, usualmente nos mandábamos cartas bastante seguido. 
Tenía 6 años cuando escribí esta y acababa de terminar el primer grado. 
Aclaración: "Pito colorito"era un canario naranja que tuvimos y que cantaba como los dioses.
Por suerte mi abuela solía guardar con todo su amor las cartas que yo le mandaba.
Esta es la primera de tres "misivas" de aquellos tiempos.




A Buenos Aires. 20 años no es nada.

Al mirar en tus noches sencillas,
cada luz, cada tierna mirada,
yo te siento tan cerca en mi pecho,
Buenos Aires, que no digo nada.

Y en silencio sonríen tus plazas,
y los parques que duermen cansados;
mientras niños soñando recuerdan,
sus hamacas, sus juegos dorados.

Y en la orilla tu río te besa,
cual si fuera el amante más fiel;
que a pesar de los años pasados,
te retiene pegada a su piel.

Y la música busca los brazos,
derrochando notas por doquier;
va invadiendo tu calma rosada,
envolviéndote con su vaivén.

Eres vida que surge y no queda,
que se mueve latiendo sin fin.
eres cielo que vuelve plateadas
las estrellas siempre hasta morir.

Por tus calles vagan las pasiones,
concentrando todo su poder,
en tu gente que busca ilusiones
y que lucha para no caer.

En tu tiempo, Buenos Aires mía,
veo inmersa la vida de mi alma;
y en las horas corriendo incesante,
no encontrando jamás, tierna calma.

Es por ser como sos que te quiero.
porque creo en tu ser y deseo;
que en tu gloria final, Buenos Aires,
te vean todos, como yo te veo.

Junio de 1981

Otoño

El otoño que amo vino otra vez, como siempre.
Pero se llevó entres sus ocres hojas,
el color de las mejillas de mi abuela.
E inevitablemente, cada rama dorada,
cada árbol de incendiado color,
van a recordarme cada año,
que me ha dejado, al menos por ahora.
El murmullo de seca música del viento
dormirá en mi memoria todo el año,
Hasta que como por arte de magia,
la estación de los cobres se aproxime.
Y aquí estaré buscándola un poco,
en cada atardecer dorado, en cada plaza;
porque ahora ella es parte de todo,
como lo es el otoño, con sus hojas
y sus veredas rosadas.

Mayo de 1997

martes, 12 de octubre de 2010

Una de colegio. Como “egresar” con nuestros hijos y no morir en el intento.

Siempre me he jactado de la poca memoria a largo plazo. Pero así y todo no me impide la falta de tal virtud, el acordarme de mis épocas de egresada. Lo más parecido a los tiempos que corren, era un simple escudo, que diseñábamos y producíamos como podíamos (previa aprobación del colegio) y que era el único distintivo permitido por las monjas en aquellos tiempos lejanos. Parece que les estoy hablando del siglo pasado, que digo, fue en el siglo pasado! En tanto que hoy, el mero hecho de “egresar” significa una maratónica sucesión de eventos a que somos sometidos los pobres e ignorantes padres y que escapa a cualquier viso de realidad conocida. Creo que nunca imaginé las peripecias que nos iban a tocar vivir…
A todo esto se le suma un “depende”, ya que como cada año cambian las reglas de la educación secundaria, en un abrir y cerrar de ojos nos surge la duda si nuestro hijo está: en tercero “poli” o en quinto año, o en que, todo depende. Menos que menos sabemos a ciencia cierta, cuando empieza el secundario realmente. Tampoco cuando empieza a terminar. Menos que menos,  cuando termina?
Pero yendo al punto, bah! a los puntos, (y no precisamente sobre las íes)… todo el periplo se gesta antes. Muuuucho antes. Como dirían los chicos, “tipo que el año anterior de mínima…”
Si, empiezan a transitar el cuarto año y ya se los nota sobre excitados. Y en menos que canta un gallo, solo se los escucha hablar de algunos temas altamente repetitivos, pero no menos importantes: Juntar plata. La fiesta de egresados de los de quinto a donde son invitados of course. Contratar y pagar la murga de regalo a quinto. El pre boliche de la fiesta de los otros egresados. Las fiestas de egresados de toooooodos los colegios a las que son invitados también. El buzo de egresados. El viaje de egresados. El disfraz para la fiesta. El pre boliche de su fiesta. La fiesta de egresados en sí. La entrega de diplomas en el colegio a todo trapo. La “gala”. Algo más? Ah sí, mamaaaá! Me llevo 5 materias y no tengo idea que voy a estudiar!!!! Pero esto es anecdótico no?
Pero para ir teniendo una vaguísima idea: todos pero tooooodos los temas, implican un desembolso monetario de “envergadura”. Es entonces que el año anterior les da la fiebre de organizar eventos de todo tipo y color: ferias de ropa usada, desfiles, fiestas para los mas chicos, venta de galletitas y brownies en los recreos, etc., etc., etc.  Todo con un solo fin: juntar plata. En ese punto del año, no se sabe a ciencia cierta cuál será el destino final de lo reunido… pero es loable las pilas que le ponen al caso.
Con tiempo, como un año antes dije, los precavidos padres no primerizos, sugieren reunirse para hablar del famoso viaje. No sin antes saber, que los “destinos” preferidos de nuestros hijos, no son los aprobados por el colegio. Por ende, el colegio no acompaña a los chicos. Cuando hablo de los “destinos” hablamos de varios. Bariloche, Brasil, nada más parecido no? Traten de imaginar solo un momento, cómo la tecnología ayuda a la difusión y la confusión de toda la maraña de opiniones dispares que 42 futuros egresados, mas y sobre  todo, sus padres compartirán en una profusión de emails eternos en donde no vale el “responder” y siempre gana el “responder a todos”!!!…  hagan la cuenta. Casillas de correo llenas, ganas de bloquear a más de uno y en que termina todo: dos viajes. Un grupo a cada lado... y como era de suponer, la plata juntada no era precisamente para pagar el viaje…
Del buzo no hablo. Solo diré, salió un ojo de la cara, por suerte tengo dos.
El disfraz. Que posmodernidad! Abrí la boca bien grande de asombro cuando me enteré que iban disfrazados a la fiesta. Ojo, esto no es moco de pavo. El secreto del disfraz hay que mantenerlo! No vaya a ser que alguien se copie! Con el disfraz, perdí el segundo ojo.
Pre boliche. Léase, único lugar para entonarse un poco, ya que en los boliches no venden alcohol a menores. Comida y bebida a cargo de los jóvenes, con la supervisión de los padres. Se juntan todos en una casa y desde ahí, en el mejor estado posible, son trasladados en un bus hasta el boliche.
Of course, los padres nos dividimos en turnos. A mí me toco el pre boliche y de 1 a 4 en el boliche. A mi modo de ver, son los turnos más complicados, en donde uno debe ser un sargento de caballería y tener mano de hierro. Pero en verdad todos estaban tan contentos, que casi me pongo a bailar y saltar con ellos. Lástima, no tenía disfraz de Wally.
Hubo un padre que fue con ellos en el bus. Un valiente.
La fiesta estuvo muy buena. Ellos felices. Nosotros aliviados. Me fui a dormir a las 5 con los pajaritos.
Todavía me faltan un par de eventos: la entrega de diplomas… reitero, a todo trapo… van los padres, los chicos súper arreglados y se hace una comida con profesores y directivos. Lo pagamos nosotros, obviamente.
Voy terminando. Solo me queda googlear para ver de qué se trata “LA GALA”!!!!…

domingo, 10 de octubre de 2010

Solo pensamientos

Del corazón

 En mi mundo de estrellas subterráneas, 
hay una luna de plata suspendida en el tiempo.
Como esperando un día en que aparezcas
De repente a despertarla.
Es como un río escondido
En un paraíso extraño, pero a la vez conocido.
Y están ahí latentes como brasas
Los fuegos de un amor que fuera mío.
Esperas, ansias, desencuentros.
Desencantos, felicidad compartida.
Sentimientos desesperados de estar y ser
Y jamás perder sentido.
Es algo que nunca se olvida.
Que queda ahí retenido,
En el alma, en el corazón hundido,
En algún rincón del tiempo que he vivido.

jueves, 7 de octubre de 2010

Triste en Febrero

Desolación

No encuentro la paz que ansío. En el corazón quebrado por los años siento solo tristeza y vacío. Se ha roto un eslabón del amor que nos teníamos, se quebraron los lazos, terminaron los estíos.
El sol trata en vano de iluminar mi camino, de colorear mi alma en pena, de sobrellevar mi destino.
No sé quién puede, no sé qué será de mis pasos, no hay un futuro, no hay descanso, solo lo que queda del presente.
El camino se ha esfumado, sus orillas ya no existen y en el corazón siento que debo caminar igual.
A ciegas, como si mis ojos hubiesen cerrado los parpados pesados de desaliento.
El sonido de tu voz ya no me alienta, porque no escucho en ella las notas del amor que alguna vez estuvo, que soñamos juntos.
El sentido se pierde en las soledades del alma y cuando trato de bucearlas para encontrar porque vivo, no estoy pudiendo hallar esa razón que te lleva de nuevo al camino.
Esto es triste, esto es para terminar ya. Mejor no escribir lo que escribo, porque el corazón se achica y el alma se estremece y solo siento que no se ya mas como se ama, como se brinda uno al mundo.
Cuando estoy así, debo dejar que pase el momento amargo, que suene el estallido de la tormenta y la lluvia, que tal vez limpien todo lo negro del cielo, transformándolo en bondades.

Febrero 2008 

martes, 24 de agosto de 2010

Una de amor.

No me olvides

Busca dentro de tu alma.
Busca bien.  En algún perdido rincón,  allí estaré, siempre.

Descúbrete pensando en esa poesía que te escribí un día.
Grábala en tu corazón.

Date la vuelta de tanto en tanto para mirarme  y aunque ya no esté contigo, recordame.

Pasa por esa esquina tan querida y frena.
Si ves un fantasma, invítalo a subir.

Mira algún cielo gris que esté por desplomarse. 
Y si sentís que de pronto el viento, te sopla en el oído, no es el viento.

Es el susurro de mi corazón, que te dice que no me olvides. 

miércoles, 18 de agosto de 2010

Navidades, eran las de antes...


La navidad es una fecha muy importante. Es donde en general se reúne, toda la familia. Con el importante objetivo de darle curso a una de las fiestas más esperadas del año. En Navidad, recordamos
- gastronómicamente hablando- que Jesús vino a nosotros para traernos, hace más de dos mil años, la paz al espíritu y el regocijo del estómago; aunque habitualmente la gente suele hacer mucho más hincapié en esto último… Y descubrimos con placer, las habilidades culinarias de la parentela presente: pavos, carnes, salsas, ensaladas varias, todas provistas de las calorías necesarias, para pasar sin prisa ni prosa, el “fresco” verano bonaerense…Y para rematar el cuadro, el infaltable y etílico champagne.
De esto y mucho mas, se compone este adorado ágape gastro-espiritual, que nos sorprende a todos cuando dan, las doce de la noche, con una mano en el corazón y la otra en el pio nono.  

Pero antes de que llegue ese día, tan esperado por grandes y chicos, no nos queda otra alternativa, que pasar por uno que otro vericueto epistolar, para averiguar -sin levantar la perdiz- qué regalos quieren los mas pequeños, los que aun creen (o fingen creer) en Papá Noel. Entonces nos encontramos en menos que canta un gallo, con las cartas a Santa: listas interminables de juguetes carísimos, que los menores de edad confeccionan con la mayor ilusión y la no poca influencia del millón de avisos pautados por mis amigos publicitarios en Disney Channel.
HO, HO, HO… que estrategia usaremos los pobres padres,  para disuadir al niño en cuestión y convencerlo de que Santa no le va a traer la Wii último modelo, ni la netbook con cámara incorporada, ni la Blackberry  y definitivamente menos la escoba mágica de Harry Potter?

Inducción señores. Los padres deben hacer un curso previo a esas fechas para poder influir, inducir e incorporar en la mentecilla de sus vástagos, por lo menos alguno de los regalos que seguramente, aquella madre o abuela muy organizada, compró unos meses antes aprovechando alguna promo especial del shopping.

Pero cuando finalmente llega el momento y todos corremos a ver si logramos ver los renos y el trineo, el instante se congela en una algarabía general. Y somos todos (grandes, chicos, creyentes y fingidores) parte de una “estampa” viviente, como la más linda de las fotos del momento “Kodak”. Se produce un desbande general, apuramos la ronda de champagne, en tanto que levantamos copas y nos deseamos Feliz Nochebuena! Y por un momento fugaz, recordamos como en una película muda, todas esas navidades de nuestra vida y volvemos a ser una vez más, como pequeños.